lunes, 14 de mayo de 2012

Herencias Matriarcales



Ercilia


Ella corría de un lado al otro, con el vaso de agua, la silla de ruedas, lo acomodaba como podía y se había convertido en la luz de sus días oscuros. 
Pasaba el tiempo y en los últimos días que la vida le era arrancada
a aquel hombre, el confeso por su propia boca  todos sus amoríos, aventuras y demás en los años de casados; en cambio ella pudo vivir, seguirlo cuidando con la misma entrega, y sobre todo a quererle con la misma entereza que hace muchos años los llevó a casarse y tener cinco hijos.
 Ella es mi abuela paterna, quien con la misma devoción cuido a mi abuelo cuando perdió la vista entre otros males provocados por la diabetes hasta el último día que lo tuvo a su lado. 


Uno de joven ve y dice ¡Qué raro esto del amor! Perdona, sonríe, escucha, y acompaña hasta los últimos días.


Rosario

Le daba sopa como si la vida se le fuera en ello, sus ojos brillaban como cuando la madre alimenta al primogénito, y a la vez con voz amorosa preguntaba cosas como: "¿Está fría la sopa?, ¿Ya hace ratos tenía hambre?, Cuénteme Abelito ¿Tiene hijos o está soltero?. 
Después del almuerzo adorno aquella tertulia con un suave beso en la frente, como el niño que termina sus vegetales y ha hecho bien la tarea. Esa es mi abuela materna alimentando a mi abuelo que padece Alzheimer por más de cinco años, quien hasta ahora conserva ese amor incansable y ese gusto de entregarse al otro por el simple hecho qué así son las cosas. 
Él ya no le recuerda, a veces no la llama por su nombre ni sabe si algún día la quiso. No se imagina que llevan más de cincuenta años juntos, y son diez hijos los que alguna vez criaron entre regaños juntos.


Que raro es todo esto del amor, a veces vive por años y no se evapora ni trastorna entre las costumbres, sigue ahí tan firme como  cuando de jóvenes alguna vez dijeron quererse. 


Ambas son alguna reseña de las mujeres que abarcan esa configuración ancestral procedente de Eva, puedo verlas hacía arriba, además de abrazarlas cuando me reciben con esas bienvenidas calurosas, admirarlas porque para ellas la palabra amor sobrepasa las historias mágicas de Disney y las trágicas de Televisa. 
Ninguna de las dos creyeron en el divorcio como solución a todos los males, ni en las ideas locas de la modernidad, para bien o para mal cada quien sabe lo que conviene de lo que no.
Ya sé que ellas no me van a leer pero una entrada para ambas, en este mes donde todos creen acordarse de las matriarcas, no está de más.