miércoles, 1 de enero de 2014

El recuento del 2013...

Una vez más el trauma ese de ver pasar los años, cambiar de año en el calendario, y bien dicen que a medida la edad avanza disminuye la capacidad para desvelarse y los regalos recibidos en navidad. Con eso de la edad, y otros achaques más, el tiempo pasa aunque nos opongamos.

Creo que con la edad viene ese don de disfrutar más el tiempo con la familia, la parafernalia de diciembre, el caos, y hasta disfrutar de las enormes filas para comprar alguna cosa.

Me ha emocionado el hecho de terminar el año con una lista de propósitos más que cumplidos, no suelo trazar propósitos en diciembre, con eso de ahorrarme la decepción de no haber completado la lista, sino que mi estilo es más esperar las metas que me vaya trazando en el camino.

Fui a clases de italiano y Belly Dance, con lo que aprendí que hay que invertir en aquellas cosas que te hacen feliz, sin importar si son útiles para los demás o no. Hay que hacerlas, para que años más tarde no digas: Yo quería... (Como cuando quería aprender ballet desde los 5 años, y mi papá siempre me decía que me iba a llevar a clases). Otra de las cosas más grandes fue comprometerme a seguir el plan de cura romana, con el que realmente todo cambio para bien. 

La lección más grande aprendida fue que todo requiere una cuota de sacrificio, y creerlo es lo más importante, sobre todo creer que merecemos que nos pasen las mejores historias y luchar por ellas los 365 días del año. 

Reciban el año nuevo con la mejor de sus energías, confiados que este año será realmente de ustedes. 

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