sábado, 6 de abril de 2013

Querer y deber

Hacer las cosas porque se quieren, no porque se deben, en eso se basa la felicidad...
Jamás alguien deberá hacer lo que quiero, sin que quiera,
el desdén no es lo mío, lo mío es sonreír al mismo ritmo,
abrazar en la misma intensidad, dar la vuelta al mundo a la misma velocidad.

La obligación no es parte de mi itinerario, la espontaneidad es mi brujula,
fuese apropiado que estuvieras a mi lado, pero sino, 
pero sino quieres no deberías detener tus pasos.

Música casera

No concibo la vida sin música, no la música como ruido ni como compañía, sino como un componente impregnado de recuerdos desde que tengo uso de razón.
Cada canción es una historia, desde lo que dice hasta el momento en que sonó.

Hace poco me dejaron numerar 10 canciones de mis gustos musicales, fue difícil, porque mis gustos musicales son digamos medio diversos. Pero entre todos y quizá de los que considero más especiales es de la música que oía en mi casa cuando era pequeña, es lindo cuando recuerdo que toda la mañana en la casa sonaban los discos de Arjona, Cabral, Silvio, Ubiergo, y aquel olor a cigarrillo inundaba los rincones.

Aquellos comentarios sobre una participación en el OTI al que jamás fue, letras de canciones improvisadas escritas en servilletas, el olor a madera de la guitarra, esa letra ilegible escrita toda a mayúsculas, lecciones inconcluidas de guitarra, esas y otras cosas fueron mi música casera. Es lo que mi papá me dejó, una forma de soñar con canciones, de recordar cantando, de expresar sentimientos en la letra de una canción que posiblemente nadie preste atención a la letra.

Cuando enumeré aquellas 10 canciones, el trabajo decía que además debíamos colocar un trozo musical, lógicamente pensé en uno de esta época, y me dan tantas ganas de regresar a la casa y desvelarme cantando con mi papá al lado... Un día lo será, estoy segura.